Todo escribano echa un borrón

Todo escribano echa un borrón

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1401341046_941613_1401341206_noticia_grandeHasta el mejor escribano echa un borrón, dice el refrán y LeBron James fue ese escribano esta madrugada. Sus cinco faltas personales (llegó a las tres a mediados del segundo cuarto y a las cinco a principios del tercero) sólo le permitieron disputar 24 minutos en la derrota de su equipo ante Indiana Pacers (93-90). Los 25.000 dólares de multa pueden salirle barato a Paul George si su equipo supera finalmente esta eliminatoria. La victoria permite a los de Vogel recortar la serie (2-3), pero no les deja las mejores sensaciones.

Porque no supieron aprovechar la limitación de LeBron sobre la pista y acabaron sufriendo. La estrella de los Heat sólo alcanzó los siete puntos, cinco de esos tantos ya en el último acto y sólo un imperial Paul George sacó rédito a esa situación. Porque Hibbert (que más decir de Hibbert) alterna un partido bueno con otros entre indiferentes, malos y mediocres, en los que no puede superar a pívots más pequeños y, sobre el papel, peores que él en la zona. Porque Stephenson ya sólo hace la guerra por su cuenta y su único objetivo es tratar de sacar de quicio a LeBron, cosa harto difícil de conseguir ante un dos veces campeón de la NBA que ha tenido que sudar carros y carretas para llegar a ser el mejor jugador de la Liga. Aunque en su haber hay que poner su intensidad defensiva en los instantes finales del encuentro. Al César, lo que es del César.

Porque mientras el banquillo de Vogel no está y no se le espera (esta madrugada sólo anotó Scola en la segunda unidad), los menos habituales de Spoelstra han despertado en el momento exacto, cuando nadie ya contaba con ellos. Y esa es una mala señal tanto para Indiana como para los dos finalistas del Oeste.

Sólo George, como ya se ha comentado, supo ver el momento exacto para apretar el acelerador. En el tiempo que pasó desde que LeBron saltó a la pista y se tuvo que sentar en el banquillo por su quinta falta, la estrella de los Pacers sólo había logrado seis puntos. A partir de ahí, logró 31 tantos más, 21 en el último cuarto. Vio al animal herido y entró a matar, supo que había habido un antes y un después de la quinta falta del cuatro veces MVP. Que existía una posibilidad en el momento que Stephenson celebraba la falta de su enemigo como si del punto del campeonato se tratase (37-45).

La salida de LeBron trajo consigo una pájara bastante respetable en Miami. Indiana parecía con ganas de estirar el partido a su favor, pero los Heat tuvieron argumentos suficientes para aguantar el chaparrón, gracias al acierto desde el triple y al factor X de los Heat: la unidad de un equipo que se siente superior. Una unidad que se desprendió de su necesidad mortal a LeBron y permitió que Rashard Lewis se convirtiera en Ray Allen (6/9 en triples), que Ray Allen fuese simplemente Ray Allen y que Bosh y Wade decidiese que ya que estaban por ahí, iban a echar una mano.

Y con esta resistencia mantuvieron vivo un encuentro que en el minuto diez del último cuartoperdían sólo por seis (72-66) cuando podía haber sido una escabechina y que se les escapaba de forma irremediable hasta que llegó el show de los dos minutos finales. El show de los triples.

En los dos últimos minutos del partido se pudo sentir la magia del baloncesto, la magia de los playoffs. Cinco triples seguidos (dos de Lewis, dos de George y uno de Bosh) que cambiaban la dinámica y las sensaciones del partido. Cinco aciertos que dejaron el partido en un 91-90 cuando sólo faltaban 12,8 segundo para el final y Battier sacaba todas sus tretas para lograr robar un balón o sacar una falta en ataque a Paul George. Nada consiguió. Y después de un tiro libre de West (92-90), surgieron unos segundos que pararon Indiana, unos instantes dondeBosh pudo meter a Miami en las Finales, si su tiro de tres, en un costado de la cancha, solo gracias a una penetración con pase de LeBron, hubiese entrado. Fueron los segundos más largos para un Larry Bird que tendrá otro motivo de sufrimiento mañana por la noche en Miami. Otro partido a vida o muerte para los Pacers y es difícil que LeBron vuelve a tropezar con la misma piedra.

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