La final más esperada

La final más esperada

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Hasta aquel 30 de junio de 2002, Brasil y Alemania sumaban entre ambos un total de 32 participaciones en la Copa Mundial de la FIFA™, más de cien victorias y la impresionante cifra de siete títulos mundialistas. Resulta curioso e incluso extraño que, tras 16 ediciones de la competición más importante del mundo, las dos mayores potencias del fútbol internacional nunca se hubiesen cruzado hasta entonces. La Copa Mundial de la FIFA Corea/Japón 2002, la 17ª edición, fue así la que tuvo el privilegio de albergar el más esperado de los duelos.

La gran cita, que no se podría haber celebrado en un marco más apropiado: tuvo lugar nada menos que en la finalísima de la cita asiática, que se disputó en Yokohama. En juego estaba no sólo el título, sino también la hegemonía histórica del fútbol internacional. Un triunfo de Alemania permitiría al combinado germano establecer un nuevo orden mundial al igualar a Brasil con cuatro títulos; una victoria brasileña haría que la Canarinha cobrase una ventaja de dos coronas mundialistas sobre Alemania e Italia, sus perseguidores más inmediatos.
El contexto
Brasil logró el billete mundialista pese a su irregular fase de clasificación, en la que tuvo cuatro entrenadores diferentes a lo largo de la competición preliminar. Luiz Felipe Scolari convocó a Ronaldo a pesar de la falta de ritmo del delantero y dejó fuera de la lista a Romario en contra de los deseos de la afición. Rivaldo también llegaba a la cita asiática en un momento en que su rendimiento con la selección había disminuido notablemente. Además, Scolari recibió numerosas críticas por jugar con un 3-5-2 y romper así supuestamente la tradición del fútbol brasileño, más acostumbrado al 4-3-3 y al 4-4-2, el dibujo táctico con el que la Canarinha se proclamó campeona del mundo en Estados Unidos 1994.

La prensa brasileña le dio a aquel plantel el apodo de Familia Scolari, en una alusión a que Felipão defendía y apostaba por sus futbolistas hasta las últimas consecuencias. El inicio del certamen dejó claro que el técnico brasileño había acertado con su planteamiento. El 3-5-2 permitió a Brasil sacar provecho de las incorporaciones ofensivas de los laterales Cafú y Roberto Carlos, al tiempo que Kléberson y Gilberto Silva aportaban solidez atrás y la denominada triple R funcionaba en ataque: Ronaldinho tenía libertad para conducir y avanzar por donde quisiese y, por delante de él, Ronaldo y Rivaldo mostraban su mejor versión. Brasil ganó todos sus partidos y se plantó así en la final.

Alemania también tuvo dificultades en la fase de clasificación: fue líder de su grupo hasta la penúltima jornada, pero sufrió frente a Inglaterra en Múnich una dolorosa derrota por 1-5 que acabó condenando a la repesca al conjunto dirigido por Michael Skibbe y Rudi Völler. En la eliminatoria de repesca, frente a Ucrania, Alemania logró clasificarse tras empatar a 1-1 en el partido de ida disputado en Kiev y ganar la vuelta en Dortmund por 4-1.

Por primera vez en la historia, la selección alemana no conseguía la clasificación de forma directa, así que las expectativas de cara a la cita mundialista no eran demasiado elevadas. Sin embargo, el panorama mejoró cuando Alemania debutó en el certamen goleando por 8-0 a Arabia Saudí con tres tantos de Miroslav Klose, que lograría un total de cinco dianas que le permitieron llegar a la final como segundo máximo goleador del certamen, sólo superado por Ronaldo, con seis. Con un fútbol basado en una gran disciplina táctica, Alemania alcanzó la final apoyándose en el buen hacer de dos hombres: Oliver Kahn, que sólo recibió un gol y lo hizo en la fase de grupos, y Michael Ballack, que marcó en las victorias por 1-0 sobre Estados Unidos en cuartos de final y República de Corea en semifinales.

De este modo, la final de la Copa Mundial de la FIFA 2002 no sólo enfrentaba a las dos mayores potencias del fútbol mundial, sino que se presentaba como un duelo entre el ataque más poderoso, liderado por el letal Ronaldo, y la defensa más sólida, apuntalada por el mejor portero del momento, Oliver Kahn.

El partido
En cuanto el balón empezó a rodar, el contraste entre ambos contendientes se hizo evidente. Alemania se empleaba con contundencia, volcaba su juego por las bandas y recurría con frecuencia a balones colgados y a disparos desde larga distancia, pero la zaga brasileña desbarataba las acometidas germanas sin demasiados problemas. La lucha por el balón era intensa.

 

Michael Ballack, uno de los jugadores más destacados de los cuartos de final y de las semifinales, no aparecía y Klose era el hombre de referencia en el área. Justamente ante el 11 desbarató la defensa brasileña la primera acción de peligro del partido. Brasil tenía menos posesión, pero atacaba con velocidad y criterio. Así, a los 18 minutos, Ronaldinho filtró un pase entre líneas que dejó solo ante Oliver Kahn a Ronaldo, que no supo definir y mandó el balón fuera con el exterior del pie izquierdo. Los de Scolari metieron una marcha más en los últimos minutos previos al descanso y estuvieron a punto de marcar por medio de Kléberson primero y,  poco después de Ronaldo.

En la reanudación fue Alemania la que estuvo muy cerca de inaugurar el marcador. Oliver Neuville ejecutó con gran potencia un tiro libre lejano y Marcos desvió con la yema de los dedos un balón que se estrelló violentamente contra el poste izquierdo de la portería brasileña. La igualdad presidió la final hasta que, a los 22 minutos del segundo tiempo, Ronaldo robó la pelota en tres cuartos de campo y se la cedió a Rivaldo, que no se lo pensó y chutó desde fuera del área. Inesperadamente, Oliver Kahn, el mejor portero del mundo, falló en su intento de blocar el esférico. El que había sido hasta entonces el hombre más destacado de Alemania en el torneo dejó el balón suelto a los pies de Ronaldo, que alojó el cuero en el fondo de las mallas. El mejor ataque se imponía así a la mejor defensa: 1-0.

Con el marcador en contra, Alemania tuvo que asumir más riesgos en ataque y la delantera brasileña no desaprovechó los espacios que se abrieron en la zaga rival. Kléberson recibió de Cafú en la medular, avanzó por la derecha y envió el balón a la frontal del área hacia Rivaldo, que abrió las piernas y dejó pasar para Ronaldo. El ariete controló con tranquilidad y conectó con el interior del pie derecho un disparo que se coló junto a la base del poste izquierdo de Kahn: 2-0. Era el octavo gol del delantero carioca en el certamen y la consagración de una generación de mucho talento que encontró el camino a la victoria en el momento adecuado. Brasil consolidaba así su hegemonía en el fútbol mundial y, con cinco títulos mundialistas, se aseguraba el reinado internacional durante al menos otros ocho años.

Se dijo
“No era una deuda con nadie, pero sí un peso en la conciencia”, Ronaldo, en alusión a la final perdida cuatro años antes en la Copa Mundial de la FIFA Francia 1998™.

“No hay consuelo para lo que he hecho. Cometí un error, el único en siete partidos, pero lo he pagado muy caro. Un fallo así resulta mucho más doloroso si ocurre en una final. Ese balón no debió habérseme escapado. De todas formas, la vida continúa”, Oliver Kahn, en referencia al primer gol de la final.

“Brasil se lo merece, puesto que ha hecho un Mundial fantástico. Simplemente, no pudo ser. La superioridad de la selección brasileña resultó evidente. Para nosotros, haber estado en la final ya supone una victoria. Llegamos hasta donde fue posible. Sólo habríamos sido campeones si Brasil se hubiese olvidado de jugar”, Christoph Metzelder.

“La unión de este grupo se ha impuesto a todas las adversidades. Me gustaría destacar además el espíritu de amistad, entrega e implicación de estos chicos”, Luiz Felipe Scolari.

¿Qué sucedió luego?
El título mundialista coronó a una generación que ya triunfaba en el fútbol de clubes europeo. La triple R brilló con luz propia y contribuyó a que la afición brasileña dejase atrás el recuerdo de la amarga derrota sufrida cuatro años antes en la final de Francia 1998 contra la selección gala. Luiz Felipe Scolari dejó el puesto de seleccionador y fue sustituido por Carlos Alberto Parreira, campeón del mundo en 1994. Parreira mantuvo a varios de los jugadores de aquel equipo campeón. Brasil ganó la Copa América 2004, la Copa FIFA Confederaciones 2005 y llegó a la Copa Mundial de la FIFA Alemania 2006 con el papel de favorita. Eliminada por Francia en cuartos de final, tras la cita alemana se inició la renovación del equipo.

La Mannschaft experimentaría un cambio más pronunciado después de Corea/Japón 2002. Skibbe y Völler dejaron el banquillo como consecuencia de la decepcionante eliminación en la fase de grupos de la Eurocopa 2004. Tras las negativas de Ottmar Hitzfeld y Otto Rehhagel, Jürgen Klinsmann aceptó el cargo junto con Joachim Löw en calidad de entrenador auxiliar. En la Copa FIFA Confederaciones 2005  acabó tercera después de caer en semifinales a manos de Brasil. Alemania afrontaba un certamen mundialista en medio de un ambiente de críticas y muchas dudas, pero, como siempre, no decepcionó: logró el tercer puesto, llenó de alegría y orgullo a su afición y plantó la semilla de una nueva y talentosa generación caracterizada por su decidida apuesta por el fútbol ofensivo.

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